Voces de Esperanza: Mujeres en el Territorio Palestino Ocupado

María MR

Amal, una trabajadora del Women Affairs Center, comparte el profundo sufrimiento vivido en el Territorio Palestino Ocupado, recordando la desgarradora pregunta que escuchó a una madre en Gaza: «¿Quieres que enterremos a tus hijos juntos o en tumbas separadas?». Esta pregunta se formula tras la pérdida de dos hijos en un solo ataque aéreo, ejemplificando la desesperanza que embarga a la población de Gaza en este crítico periodo. La angustia y la desesperación se han convertido en parte de la cotidianidad, y Amal destaca que, antes del alto el fuego, las mujeres de la región parecían haber aceptado un fatalismo compartido: «Confiábamos en morir juntas con nuestros hijos».

Las condiciones de vida se han deteriorado drásticamente, y la escasez de viviendas, agua y electricidad ha sumido a la población en una incertidumbre profunda. Hala, una trabajadora de la ONU dedicada a la protección de los Derechos Humanos, enfatiza el devastador impacto de la violencia en Gaza, señalando que «es imposible volver a cualquier estado de normalidad si no se pone fin a la carnicería». Las medidas de protección para las comunidades más vulnerables se vuelven cada vez más urgentes, pero las operaciones de ayuda están limitadas debido a un contexto de violencia constante.

Shorouq, directora de proyectos en el Shorouq Maan Development Center, relata su propia experiencia al estar embarazada al inicio del conflicto, viéndose forzada a huir en medio de una guerra y enfrentándose a partos en condiciones inhumanas. Las operaciones militares han cobrado la vida de más de 49.000 personas en Gaza, según el Ministerio de Salud local. La destrucción de infraestructuras esenciales, como hospitales y escuelas, ha exacerbado la violencia de género y ha incrementado la carga que soportan las mujeres, quienes deben asumir roles de supervivencia aún más complejos.

A pesar de los horrores del conflicto, las mujeres palestinas perseveran, buscando formas de apoyarse mutuamente. Amal manifiesta su compromiso por servir a su comunidad a pesar de su dolor personal: «El dolor nos alcanzó a todas», enfatiza, simbolizando la resiliencia de un pueblo que se niega a ser doblegado. La situación en Cisjordania no es menos grave, ya que la violencia por parte de las fuerzas de seguridad israelíes ha aumentado notablemente, obligando a muchas mujeres a asumir responsabilidades de cuidado en sus hogares durante períodos de intensa violencia.

Las historias de Amal, Hala y Shorouq se convierten en un símbolo de la lucha de tantas mujeres en el Territorio Palestino Ocupado, quienes continúan buscando maneras de sanar, ayudar y resistir, a pesar de la adversidad que enfrentan diariamente.