La violencia sexual se ha convertido en una herramienta devastadora de terror contra mujeres y niñas en Sudán, especialmente desde el inicio del conflicto armado en abril de 2023. Según un informe reciente del Fondo de Población de la ONU (UNFPA), más de doce millones de mujeres y niñas se encuentran en riesgo de sufrir agresiones, experimentando un aumento del 80% respecto al año anterior.
La guerra civil ha provocado el desplazamiento de aproximadamente 13 millones de personas, lo que representa cerca de un tercio de la población de Sudán. Este desastre humanitario ha tenido un impacto catastrófico en el sistema de salud del país, dejando a los afectados sin acceso a atención médica adecuada en un contexto donde las instalaciones de salud se han transformado en focos de violencia.
Un caso que ilustra la magnitud de la crisis es el de Layla, una residente de Jartum, que fue asaltada por hombres armados y posteriormente arrestada y detenida en una prisión superpoblada. Allí sufrió torturas y violencia sexual. «Presencié horrores inimaginables», relató Layla, quien escuchó los gritos de otras mujeres mientras estaba cautiva. Tras un angustioso tiempo en esa situación, logró escapar, aunque no sin dejar cicatrices profundas.
Las instalaciones de salud en Sudán han sido objeto de más de 540 ataques en los últimos dos años, y los testimonios recopilados por el UNFPA destacan una alarmante realidad: los centros que deberían ofrecer refugio y atención han dejado de ser seguros. Trabajadoras sociales han compartido casos de mujeres que han sido violadas en maternidades, lo que indica que la violencia sistemática se ha infiltrado en todos los aspectos de la vida de las sudanesas.
El UNFPA está desempeñando un papel crucial al ofrecer servicios de salud y protección a través de equipos móviles y centros de atención. Sin embargo, para continuar su labor en 2025, la organización requiere urgentemente 119,6 millones de dólares, además de 26 millones adicionales para apoyar a los refugiados. Los recortes en el financiamiento han puesto en peligro la salud y la vida de cientos de miles de mujeres y niñas, generando una crisis que necesita atención internacional inmediata. Sin el apoyo continuo, miles de mujeres se verán privadas de los servicios esenciales que ofrecen un espacio seguro para sanar y recuperarse de los traumas sufridos.