Anwar Hawas, una joven de 22 años, ha convertido su desesperación en una búsqueda incansable por su hermano Hadi, un adolescente de 17 años, autista y mudo, quien desapareció hace tres semanas en el barrio de Zeitoun, en Gaza. Cada mañana, al amanecer, Anwar recorre las calles devastadas de la ciudad con los bolsillos llenos de folletos que muestran el rostro de Hadi, el único vínculo tangible que tiene con su hermano y con aquellos que pudieran haberlo visto.
La situación en la Franja de Gaza es desgarradora. Los constantes bombardeos han destruido no solo edificios, sino también familias, dejando a una comunidad atrapada en un ciclo de incertidumbre. Las redes de telecomunicaciones funcionan de manera intermitente, y las instituciones están al borde del colapso. «Le pido a Dios que me ayude a encontrarlo», confiesa Anwar, su voz refleja la angustia que siente cada día al no tener noticias de Hadi.
Anwar se ha visto obligada a recurrir a métodos tradicionales para buscar a su hermano, como la distribución de folletos y la comunicación directa con los transeúntes. «La situación es extremadamente difícil», admite, subrayando que muchas familias en Gaza han perdido la esperanza de encontrar a sus seres queridos. Actualmente, más de 11,000 personas han desaparecido en la zona desde el inicio del conflicto entre Israel y Hamás, según la Oficina Central Palestina de Estadística. La mayoría de ellos son mujeres y niños que deambulan entre los escombros, preguntándose si sus seres queridos han sido asesinados, arrestados o simplemente se han perdido sin dejar rastro.
Recientemente, también se han contabilizado desapariciones de personas que intentaban llegar a los centros de distribución de ayuda, mientras que algunos cuerpos hallados en operaciones militares no han sido identificados oficialmente. Frente a esta cruda realidad, surgen iniciativas locales, como la de Ghazi al-Majdalawi, quien ha creado una plataforma en línea para tratar de identificar a los desaparecidos mediante el testimonio de los que quedan. «La ocupación impide la entrada del material necesario para las pruebas de ADN, lo que complica la identificación de los cuerpos», explica Ghazi.
Las organizaciones de derechos humanos están haciendo esfuerzo por documentar estos casos. Mustafa Ibrahim, presidente de la asociación Addameer, afirma que hasta ahora han podido localizar a 600 personas de mil casos examinados, pero aún hay 420 que siguen sin resolverse. «Algunos han desaparecido por la fuerza y no hay información sobre ellos», agrega.
En medio de esta tragedia, las familias como la de Anwar continúan su búsqueda con determinación. Cada esquina que recorren es un símbolo de resistencia y cada cartel que pegan, un recordatorio de que la memoria de sus seres queridos no será olvidada. «No volveré a casa sin él», dice Anwar mientras reanuda su caminar, impulsada por la fe y la esperanza de un reencuentro.





