Un supervisor de San Francisco ha planteado la posibilidad de que la policía y otras agencias de la ciudad no enfrenten consecuencias financieras por violar una legislación clave sobre vigilancia. Esta ley, que fue aprobada en 2019 mediante la colaboración de diversas organizaciones locales, obliga a las fuerzas del orden a obtener la aprobación de funcionarios electos antes de adquirir y utilizar nuevas tecnologías de espionaje. A pesar de los constantes cambios que han debilitado esta normativa, todavía existen disposiciones que permiten a los ciudadanos demandar a los funcionarios de la ciudad por incumplimientos y, en caso de ganar, recuperar los honorarios de los abogados.
El supervisor Matt Dorsey sostiene que esta medida de responsabilidad fomenta demandas sin fundamento, las cuales, según él, han generado un gasto considerable para los contribuyentes. Sin embargo, es importante señalar que entre 2010 y 2023, la ciudad gastó alrededor de 70 millones de dólares en resolver demandas civiles contra el Departamento de Policía de San Francisco por conductas inapropiadas, como tiroteos a ciudadanos y despidos injustificados de denunciantes. Este gasto no debería ser visto como un despilfarro, sino como una compensación a las víctimas de abusos.
La incorporación de un «derecho de acción privada» es fundamental, ya que permite a los residentes demandar a la policía por violaciones legales. Sin mecanismos efectivos que aseguren la responsabilidad de las fuerzas de seguridad, es probable que muchos ignoren la ley. Un ejemplo relevante de la situación actual es la AB 481, una ley estatal que exige la aprobación de funcionarios electos antes de que la policía pueda adquirir equipo militar, incluidos drones. Recientemente, se ha informado que el Departamento de Policía de San Francisco no cumplió con esta legislación.
En un contexto político donde se están dando intentos de militarización en varias ciudades, es más crucial que nunca asegurar que las infraestructuras de vigilancia sean transparentes y responsables. La reciente colaboración entre agencias de seguridad locales y entidades federales, en medio de presiones políticas, resalta la necesidad de un marco regulatorio sólido. Además, ya se han reportado violaciones de la ley estatal relacionadas con la divulgación de datos de vigilancia por parte del SFPD a agencias como ICE.
Por consiguiente, se hace un llamado a la Junta de Supervisores para que desestime la propuesta de Dorsey. Si la policía desea evitar enfrentarse a demandas y al pago de honorarios legales, debe someterse a las leyes que regulan la vigilancia en la ciudad.





