En Huelva, la empresa Detecfuga se posiciona a la vanguardia en la detección electroacústica de fugas de agua, un tema que ha cobrado especial relevancia en el contexto de la reciente información publicada en el diario ABC. En un país como España, donde se pierde anualmente una de cada cuatro gotas de agua en las redes de abastecimiento, la situación se convierte en crítica, sobre todo en épocas de sequía y con los embalses alcanzando mínimos históricos. Este panorama plantea desafíos medioambientales y económicos que exigen soluciones inmediatas.
Los avances en la tecnología de monitorización se presentan como una alternativa prometedora. Mediante el uso de sensores móviles y fijos, que actúan como oídos en las conducciones, y algoritmos sofisticados entrenados con miles de horas de datos reales, es posible diferenciar el sonido habitual de la red del ruido que indica la existencia de una fuga. Este sistema innovador permite no solo localizar de manera precisa el origen de posibles incidencias, sino también cuantificar el caudal de agua perdido.
Una de las principales ventajas de esta tecnología radica en su capacidad de realizar análisis sin interrumpir el suministro de agua o requerir excavaciones, lo que facilita una rápida toma de decisiones y reduce los costos asociados a las intervenciones. Los resultados ya muestran un impacto significativo; en grandes conducciones, donde las técnicas tradicionales solían encontrar limitaciones, las inspecciones inteligentes han podido identificar fugas a escasos centímetros de su origen e incluso detectar problemas el mismo día en que ocurren. Esto se traduce en un ahorro considerable de litros de agua y una disminución en el consumo energético.
Además de la detección, los modelos predictivos contribuyen a priorizar inversiones y dirigir esfuerzos de mantenimiento hacia las áreas con mayor riesgo, optimizando de este modo los recursos económicos y aumentando la rentabilidad de cada euro invertido. En redes eficaces, la inteligencia artificial es capaz de detectar mínimas desviaciones de presión o caudal, que pasarían desapercibidas con métodos convencionales. También, la utilización de algoritmos en contadores inteligentes mejora la precisión de las lecturas y ayuda a identificar patrones de consumo anómalos, fortaleciendo así la consistencia en los balances hídricos.
La combinación de sensores, inteligencia artificial y mantenimiento predictivo transforma de forma radical la gestión del agua. Este enfoque se aleja de una modalidad reactiva para adoptar una proactiva, enfocándose en prevenir problemas antes de que se presenten, y transforma las redes de abastecimiento en sistemas más eficientes, optimizables y medibles. Este cambio de paradigma no solo salvaguarda un recurso vital, sino que también contribuye a la reducción de las emisiones asociadas al consumo energético y mejora la resiliencia de las ciudades frente a la sequía.




