La tecnología de lectura automática de matrículas (ALPR) ha proliferado en diversas agencias policiales de Estados Unidos, lo que ha generado un debate intenso sobre las implicaciones para la privacidad de los ciudadanos. En un reciente caso en Virginia, la Electronic Frontier Foundation (EFF), junto con la Unión Americana de Libertades Civiles de Virginia (ACLU) y la Asociación Nacional de Defensores Criminales (NACDL), ha hecho un llamado al Tribunal de Apelaciones de ese estado para que requiera a los cuerpos policiales obtener órdenes judiciales antes de acceder a los datos que recopilan estas tecnologías.
El caso en cuestión, ‘Commonwealth v. Church’, involucra a un oficial de policía en Norfolk que accedió a la información de matrículas sin contar con una orden. La búsqueda no tenía un objetivo claro en relación con el crimen, sino que se orientaba a establecer una “mente culpable” del acusado. La corte inferior ya había determinado que esta acción violaba la Cuarta Enmienda, lo que llevó a suprimir las evidencias derivadas de los datos obtenidos.
Los sistemas ALPR recogen datos exhaustivos, incluyendo fotografías de matrículas, así como información detallada sobre los vehículos y la localización de las lecturas. Esta información es almacenada en la nube y se vuelve accesible para agencias en todos los niveles, facilitando un sistema de seguimiento casi en tiempo real de los individuos. A pesar de la percepción de que estos dispositivos solo se utilizan para rastrear a sospechosos de delitos, un estudio reveló que el 99.5% de las matrículas escaneadas pertenecían a personas no involucradas en actividades delictivas. En el condado de Norfolk, la presencia de más de 170 cámaras ALPR hace difícil transitar sin ser grabado.
Las preocupaciones sobre la privacidad son cada vez más pertinentes. La tecnología ha sido utilizada para facilitar redadas de inmigración y para rastrear a personas que buscan atención relacionada con el aborto, intensificando temores sobre una vigilancia excesiva. Además, la capacidad de identificar relaciones entre personas que viajan juntas, aunque en vehículos distintos, plantea un dilema sobre cómo se utilizan estos datos.
Por ello, la exigencia de obtener una orden judicial para acceder a los datos de ALPR se torna esencial. Según decisiones recientes, un seguimiento prolongado de los movimientos públicos puede considerarse una invasión a las expectativas razonables de privacidad. La corte de apelaciones de Virginia se encuentra en una encrucijada que podría definir límites claros en torno a la vigilancia sin autorización judicial, reafirmando que la Cuarta Enmienda establece la necesidad de dicha orden.





