El gobierno del Reino Unido ha vuelto a exigir a Apple que implemente una puerta trasera en sus servicios de almacenamiento en la nube encriptados. Esta nueva demanda se dirige únicamente a los usuarios británicos y se fundamenta en un mecanismo conocido como «Aviso de Capacidad Técnica» (TCN), que se enmarca dentro de la Ley de Poderes de Investigación del país. Desde la promulgación de esta ley, el TCN ha sido utilizado como una herramienta para la vigilancia de usuarios.
En enero, el gobierno británico había emitido un TCN que originalmente pretendía afectar a todos los usuarios de Apple. Sin embargo, tras la contundente reacción pública y las críticas, la demanda fue retirada en agosto. A pesar de ello, Apple decidió desactivar su característica de Protección de Datos Avanzada, que ofrecía encriptación de extremo a extremo para iCloud, en lugar de cumplir con la solicitud del gobierno.
La nueva orden sugiere que el Reino Unido ha reformulado sus exigencias, enfocándose ahora exclusivamente en los usuarios británicos, lo que plantea graves preocupaciones respecto a la privacidad y la seguridad. Expertos en ciberseguridad advierten que cualquier puerta trasera diseñada por el gobierno incrementa los riesgos de hackeos, robo de identidad y fraude. Además, este tipo de precedentes podrían incentivar a otros gobiernos autoritarios a demandar medidas similares.
La situación se complica aún más en un contexto donde el gobierno británico ha anunciado un plan para implementar un esquema de identificación digital obligatoria, presentado con el objetivo de combatir la migración ilegal. Por otro lado, un tribunal ha programado una audiencia para enero de 2026, aunque aún se desconoce si la reciente orden afectará este proceso legal.
Apple se enfrenta al desafío de mantener su postura firme ante estas demandas de puertas traseras. La ruptura de la encriptación de extremo a extremo en un país no solo compromete la seguridad de sus usuarios, sino que también tiene implicaciones globales. Las continuas tentativas de desestabilizar la encriptación no solo vulneran derechos humanos básicos, sino que amenazan la privacidad que toda persona merece.





