En Belém, Brasil, se llevó a cabo la COP30, donde los países participantes lograron alcanzar un acuerdo crucial que incluye un paquete integral para incrementar el financiamiento climático y acelerar la implementación del Acuerdo de París. Sin embargo, la declaración final no contempla un compromiso explícito para la eliminación de los combustibles fósiles, lo que ha suscitado inquietudes entre varios negociadores, especialmente provenientes de Sudamérica y la Unión Europea, así como entre diversos grupos de la sociedad civil.
El pacto establece un ambicioso objetivo de movilizar 1,3 billones de dólares anuales para acciones climáticas hasta 2035. Está diseñado para que los países desarrollados lideren este esfuerzo. Además, se plantea duplicar el financiamiento destinado a la adaptación al cambio climático para 2025 y triplicarlo a partir de 2035. Se ratifica también la creación de ciclos de puesta en marcha y reposición para el fondo que atenderá las pérdidas y daños provocados por el cambio climático. Asimismo, se lanzan dos nuevas iniciativas significativas: el Acelerador de Implementación Global y la Misión de Belém, que buscan cumplir con los objetivos de temperatura establecidos en el Acuerdo de París.
Por primera vez en una conferencia de esta naturaleza, se aborda la problemática de la desinformación climática, comprometiéndose a promover la integridad de la información y hacer frente a narrativas que obstaculizan acciones basadas en la ciencia. Este paso es considerado fundamental para resguardar la confianza del público en las políticas climáticas, a pesar de las críticas por la falta de claridad en torno a la transición energética.
Las negociaciones de la COP30, la primera en realizarse en la Amazonia, fueron complejas y se presentaron momentos de tensión, incluyendo protestas de grupos indígenas y un incendio que interrumpió las discusiones. El presidente de la COP30, André Corrêa do Lago, reconoció las ambiciones no alcanzadas y anunció planes para establecer hojas de ruta que busquen detener la deforestación y facilitar una transición justa y ordenada hacia la eliminación de combustibles fósiles.
El Secretario General de la ONU, António Guterres, aplaudió el acuerdo alcanzado, señalando que demuestra que las naciones aún pueden unirse para enfrentar desafíos globales. Sin embargo, también destacó que la búsqueda de consenso se ha vuelto más complicada en un clima de divisiones geopolíticas. Guterres reiteró la urgencia de realizar recortes profundos y rápidos en las emisiones, enfatizando que aunque la COP30 ha llegado a su fin, la lucha contra el cambio climático sigue siendo esencial y se requiere mantener la presión por una mayor ambición y solidaridad.





