A medida que las bandas en Haití continúan extendiendo su control y provocado el terror en la población, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha decidido aprobar el despliegue de una nueva fuerza internacional. Esta Fuerza de Represión de las Pandillas (GSF, por sus siglas en inglés), que estará activa por un periodo de 12 meses, contará con 5,550 efectivos. Su misión principal será colaborar con las autoridades haitianas para neutralizar a las pandillas, proteger infraestructuras críticas y facilitar el acceso humanitario a comunidades vulnerables.
La resolución que da luz verde a esta medida fue copatrocinada por Panamá y Estados Unidos, evidenciando la preocupación internacional por la creciente crisis multidimensional que azota al país caribeño. La GSF se enfocará en operaciones basadas en inteligencia con el objetivo de desmantelar organizaciones criminales y fortalecer las instituciones locales para que Haití pueda, en el futuro, asumir la responsabilidad de su propia seguridad. Esto se complementará con la creación de una Oficina de Apoyo de las Naciones Unidas, que ofrecerá la logística y el apoyo operativo necesarios en el terreno.
Este nuevo despliegue sustituye a la Misión de Apoyo Multinacional a la Seguridad (MSS), que había operado con personal y recursos limitados, dejando vacíos importantes en la capacidad de respuesta ante la crisis. Según se estima, los grupos armados controlan alrededor del 90% de Puerto Príncipe, bloqueando carreteras y sometiendo a la población a graves violaciones de derechos humanos, que incluyen secuestros, violaciones y asesinatos. En el último año, más de 5,600 personas han sido asesinadas a causa de la violencia en el país.
La crisis no se limita solo a la capital; se ha extendido a regiones que anteriormente no habían experimentado estos problemas. Más de 1.3 millones de personas han sido desplazadas y los servicios esenciales, como la atención sanitaria y la alimentación, están en crisis. La Policía Nacional de Haití, que debería estar en la primera línea de defensa, está desbordada y incapacitada debido al colapso institucional y a la falta de recursos.
La situación es crítica. Haití no puede hacer frente a este problema por sí solo, ya que los grupos criminales han establecido un gobierno paralelo, mientras que la impunidad y la corrupción continúan agravando la crisis de seguridad. Funcionarios de la ONU han indicado que, si bien la seguridad es un aspecto vital, no es suficiente para resolver todos los problemas del país. Haití enfrenta una multiplicidad de crisis que incluyen necesidades humanitarias crecientes, una economía en colapso y un abandono político significativo desde el asesinato del presidente Jovenel Moïse en 2021.
Aunque la nueva fuerza es considerada necesaria, muchos coinciden en que su intervención debe hacerse en el marco de un enfoque más amplio que contemple reformas en la gobernanza, así como ayuda humanitaria y desarrollo a largo plazo. Sin embargo, el reto ahora será determinar cuándo comenzarán las operaciones de la GSF, con la esperanza de que esto ocurra tras la expiración del mandato de la MSS en octubre de 2025. El proceso de establecer esta nueva fuerza y asegurar su financiamiento, que dependerá en gran medida de contribuciones voluntarias de los estados miembros, promete ser un desafío largo y complicado.





