Hace ocho años, más de 750.000 musulmanes rohingya huyeron de Myanmar debido a la violencia sistemática, buscando refugio en campamentos precarios en Bangladés. Este éxodo masivo ha dado lugar a una crisis humanitaria que se ha mantenido sin solución aparente. Los rohingya han visto una violación constante de sus derechos, siendo despojados de su ciudadanía y sufriendo un episodio de violencia reconocido por la ONU como un “ejemplo de manual de limpieza étnica”.
Al llegar a Bangladés, muchos creyeron que encontrarían un refugio temporal en Cox’s Bazar, el asentamiento de refugiados más grande del mundo. Sin embargo, con el paso del tiempo, esta situación se ha convertido en una realidad prolongada donde pocas opciones de futuro son visibles para ellos. La junta militar que controla Myanmar continúa persiguiendo a las minorías y enfrentándose a una creciente rebelión armada, lo que complica cualquier posibilidad de retorno seguro.
En el contexto de esta crisis, la escasez de oportunidades educativas y laborales ha sumado un nuevo nivel de dificultad. Los rohingya enfrentan altos índices de inseguridad, trata de personas y tensiones con las comunidades locales. Recientemente, líderes globales y funcionarios de la ONU se reunieron en Nueva York para abordar no solo la emergencia humanitaria, sino también los aspectos geopolíticos que perpetúan esta situación.
Annalena Baerbock, presidenta de la Asamblea General de la ONU, llamó la atención sobre la crítica situación que enfrentan más de cinco millones de rohingyas desplazados, quienes sufren de falta de alimentos, agua, salud y educación. Destacó que los recortes presupuestarios han dejado a más de 800.000 niños sin acceso a la educación, lo que incrementa el riesgo de explotación y violencia.
La funcionaria enfatizó la necesidad urgente de ejecutar acciones concretas, incluyendo facilitar el acceso a ayuda humanitaria y establecer condiciones que permitan un retorno seguro y digno a Myanmar. António Guterres, Secretario General de la ONU, también denunció décadas de exclusión y violencia, e hizo un llamado a respetar el derecho internacional y garantizar el acceso humanitario sin restricciones.
Wai Wai Nu, fundadora de Women’s Peace Network, alertó sobre la impunidad que ha permitido las atrocidades en Myanmar, exigiendo fin de la violencia y proponiendo un corredor humanitario. La situación en Myanmar se agrava a diario desde el golpe militar de 2021, dejando a millones de personas desplazadas y aumentando las violaciones a los derechos humanos. Sin un enfoque centrado en la inclusión y la paz, una solución duradera parece cada vez más inalcanzable.





