El Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, advirtió este viernes sobre el lento avance global hacia una transición energética equitativa y sostenible, a pesar del incremento en el uso de energías renovables y los compromisos establecidos durante la COP28. Durante su discurso, Guterres instó a los países a cerrar «la peligrosa brecha de cumplimiento» y a tomar medidas urgentes para evitar un calentamiento global que supere los 2°C.
El panorama energético mundial está en transformación, según Guterres, quien destacó que el 90% de la nueva capacidad eléctrica instalada en el último año ha sido de fuentes renovables. Además, la inversión en energía limpia ascendió a dos billones de dólares, superando en 800.000 millones a la realizada en combustibles fósiles. China se posiciona como el motor principal de esta evolución, siendo responsable del 43% del aumento en generación solar y del 44% del incremento en energía eólica durante el primer semestre del año.
El Secretario General subrayó que las energías renovables son ahora la opción más económica para nueva electricidad en casi todos los países. Esta revolución en el ámbito de la energía limpia «ya está aquí», sostuvo, añadiendo que cada dólar invertido en energías renovables genera tres veces más empleos que en el sector de los combustibles fósiles. Sin embargo, enfatizó que el progreso es insuficiente y que es crucial avanzar más rápidamente, asegurando que todos los países se beneficien de esta transición.
Durante la COP28, se acordó iniciar una transición ordenada y justa lejos de los combustibles fósiles, triplicando la capacidad de energías renovables y duplicando la eficiencia energética para 2030. A pesar de estos compromisos, Guterres advirtió que, incluso si se cumplen, el planeta seguirá en la trayectoria de un aumento de temperatura que podría superar los 2 grados, lo que conllevaría inundaciones, olas de calor y sufrimiento en diversas regiones.
Para acelerar esta transformación, Guterres delineó cinco prioridades: alinear las leyes y políticas con una transición justa, eliminar subsidios a los combustibles fósiles, centrar la atención en las personas, invertir en redes eléctricas y eficiencia, y desbloquear financiamiento a gran escala para países en desarrollo, que actualmente reciben solo el 2% de la inversión mundial en energía limpia.
El mensaje final de Guterres fue claro: aunque las trayectorias pueden variar, el objetivo debe ser uno solo: un mundo con cero emisiones netas, seguido por otro con emisiones negativas, completamente impulsado por energías renovables. Llamó a actuar con «velocidad y solidaridad» para convertir «la necesidad climática en una oportunidad de desarrollo».





