Un reciente análisis sobre la situación alimentaria en Sudán ha revelado graves desigualdades derivadas del conflicto que afecta al país. Tres agencias de la ONU han publicado un informe que destaca cómo, aunque algunas áreas han registrado ligeras mejoras en la seguridad alimentaria, la hambruna continúa siendo una realidad en localidades aisladas y asediadas.
El informe señala la confirmación de condiciones de hambruna en dos ciudades específicas: El Fasher, en Darfur, y Kadugli, que han experimentado meses de escasez crítica de alimentos y atención médica. Este alarmante panorama ha sido compartido por la FAO, el Programa Mundial de Alimentos y UNICEF, quienes alertan sobre la intensa crisis humanitaria que se agrava con el paso del tiempo.
El Secretario General de la ONU, António Guterres, ha hecho un llamado a un alto el fuego inmediato, subrayando la difícil situación que enfrenta Sudán desde el inicio de los combates en abril de 2023 entre facciones rivales. Recientemente, El Fasher ha caído bajo el control de rebeldes, tras más de 500 días de asedio, lo que ha dejado a su paso una devastación significativa y el trágico fallecimiento de cientos de civiles, incluidos trabajadores humanitarios.
La magnitud de la crisis se evidencia al señalar que aproximadamente 21,2 millones de personas, cerca del 45% de la población sudanesa, enfrenta altos niveles de inseguridad alimentaria aguda. Aunque el informe destaca una ligera mejora, con 3,4 millones de personas que ya no se encuentran en una situación de hambre crítica, las agencias de la ONU advierten que estos avances son frágiles y se limitan a áreas específicas. La economía del país ha quedado seriamente afectada, así como sus servicios básicos.
A pesar de las expectativas de condiciones favorables para la cosecha en los próximos meses, la persistencia del conflicto en regiones cruciales como Darfur y Kordofán limita la recuperación de muchas familias que han perdido prácticamente todo. La situación podría empeorar, ya que las reservas de alimentos continúan agotándose y los enfrentamientos no cesan.
El aislamiento de El Fasher y Kadugli ha llevado a la declaración de hambruna en estas regiones. En Kordofán del Sur, Dilling enfrenta condiciones similares, pero la falta de datos impide su clasificación oficial. Adicionalmente, el riesgo de hambruna se extiende a varias zonas en Gran Darfur y Gran Kordofán, con tasas de desnutrición alarmantemente altas, que varían entre el 38% y el 75% en El Fasher.
La crisis se ve agravada por brotes de cólera, malaria y sarampión, en un contexto donde los sistemas de salud y de agua han colapsado, dejando a millones de sudaneses en una situación de extrema vulnerabilidad.





